La rehabilitación después de un ictus no ocurre únicamente durante las sesiones programadas con los profesionales. Entre una terapia y otra, la persona continúa viviendo, relacionándose, tomando decisiones y realizando —o dejando de realizar— actividades dentro del entorno hospitalario.
Esta cuestión adquiere especial relevancia durante la fase subaguda, cuando la recuperación neurológica y funcional continúa evolucionando y la persona necesita oportunidades para participar activamente en su proceso de rehabilitación.
Pero ¿qué ocurre cuando el entorno ofrece pocas posibilidades de participación más allá de las terapias convencionales?
El Proyecto RehArt parte precisamente de esta pregunta y propone estudiar si enriquecer los entornos hospitalarios con actividades recreativas y terapia musical asistida puede complementar el programa estándar de rehabilitación de personas con ictus subagudo.
¿Por qué la fase subaguda del ictus es especialmente importante?
El ictus puede producir alteraciones motoras, cognitivas, comunicativas y emocionales que afectan a la autonomía y a la participación en las actividades cotidianas.
Durante la fase subaguda, el sistema nervioso continúa experimentando procesos relacionados con la neuroplasticidad después de un ictus, es decir, con su capacidad para modificar su funcionamiento y reorganizar determinadas conexiones después de una lesión.
Esto no significa que exista una ventana temporal en la que la recuperación esté garantizada ni que todas las personas evolucionen de la misma manera. La recuperación depende de múltiples factores individuales, clínicos y ambientales.
Precisamente por eso, la rehabilitación busca proporcionar estímulos y oportunidades de práctica que permitan aprovechar las capacidades de recuperación de cada persona.
La propia Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud destaca la necesidad de una rehabilitación integral, precoz y coordinada por equipos interdisciplinares, así como la importancia de favorecer la participación activa de la persona durante el proceso de recuperación.
¿Puede el entorno hospitalario formar parte de la rehabilitación?
Tradicionalmente, cuando pensamos en rehabilitación, pensamos en las intervenciones realizadas durante una sesión terapéutica. Sin embargo, una persona ingresada pasa muchas más horas fuera de esas sesiones.
El entorno puede ofrecer oportunidades para moverse, comunicarse, relacionarse, explorar intereses, tomar decisiones o participar en actividades significativas. También puede hacer lo contrario: limitar las posibilidades de interacción y reducir la participación a las actividades estrictamente asistenciales.
Esta cuestión ha dado lugar al concepto de entorno enriquecido, que busca aumentar las oportunidades de estimulación física, cognitiva y social mediante un ambiente más participativo.
La investigación disponible todavía presenta limitaciones. Una revisión Cochrane sobre enriquecimiento ambiental después del ictus encontró evidencia insuficiente para establecer conclusiones firmes sobre su efecto en la recuperación funcional, lo que pone de manifiesto la necesidad de realizar ensayos clínicos mejor diseñados y con muestras más amplias.
Por tanto, el interés del planteamiento no reside en asumir que cualquier actividad adicional mejora automáticamente la recuperación. La cuestión científica es más concreta: qué tipo de entorno, qué actividades y qué grado de participación pueden aportar un beneficio real y medible.
¿Qué cambia cuando la persona puede participar en actividades significativas?
La rehabilitación no tiene como único objetivo mejorar una función corporal aislada.
Para una persona que ha sufrido un ictus, recuperar la capacidad de utilizar una extremidad, caminar o comunicarse puede ser importante porque permite volver a realizar actividades que tienen sentido en su vida.
Aquí aparece una cuestión central para la Terapia Ocupacional: la relación entre capacidad, actividad y participación.
Leer, escuchar música, conversar, jugar, crear, relacionarse con otras personas o participar en actividades de ocio no son necesariamente actividades secundarias dentro de la vida de una persona. Pueden formar parte de su identidad, sus relaciones y su bienestar.
Por eso, enriquecer un entorno hospitalario no consiste simplemente en añadir entretenimiento. El reto consiste en diseñar oportunidades de participación que sean accesibles, significativas y compatibles con las necesidades de las personas ingresadas.
¿Qué papel puede desempeñar la música en la recuperación después del ictus?
La música ha despertado interés en rehabilitación neurológica porque puede utilizarse de diferentes maneras: como estímulo rítmico, como actividad estructurada o como medio para favorecer la participación y la motivación.
La evidencia científica disponible no permite reducir todas estas intervenciones a un único efecto. Los estudios han analizado diferentes modalidades y resultados, desde funciones motoras y marcha hasta aspectos cognitivos, emocionales y de calidad de vida.
Una revisión sistemática publicada en 2019 encontró resultados favorables de algunas intervenciones musicales sobre determinados aspectos de la rehabilitación, aunque también señaló diferencias importantes entre las intervenciones y limitaciones en la calidad de la evidencia.
Más recientemente, una revisión y metaanálisis publicada en 2026 analizó 21 ensayos clínicos aleatorizados y encontró asociaciones positivas entre intervenciones basadas en música y diferentes resultados de rehabilitación, entre ellos función motora, actividades de la vida diaria y calidad de vida. Estos resultados deben interpretarse teniendo en cuenta la heterogeneidad de las intervenciones estudiadas y no permiten asumir que cualquier intervención musical produzca los mismos efectos.
La investigación de Jennifer Grau Sánchez resulta especialmente relevante en este contexto. En 2018 publicó, junto con otros investigadores, un ensayo clínico aleatorizado sobre terapia apoyada en música en personas con ictus subagudo. El estudio comparó esta intervención añadida a la rehabilitación convencional con la rehabilitación convencional y evaluó resultados motores, cognitivos, emocionales y de calidad de vida.
Los resultados de aquel ensayo no demostraron una superioridad general de la terapia musical sobre la terapia convencional para la recuperación motora. Sí observaron, entre otros aspectos, una asociación entre la capacidad de experimentar placer con las actividades musicales y la mejoría motora dentro del grupo que recibió la intervención musical.
Este matiz es importante: la investigación no consiste en demostrar que la música es una solución universal, sino en estudiar cuándo, cómo y para quién puede resultar útil.
RehArt: estudiar el entorno como parte del proceso de recuperación
El Proyecto RehArt plantea avanzar un paso más.
Su propuesta no se limita a estudiar una intervención musical aislada, sino que integra actividades recreativas y terapia musical asistida dentro del programa estándar de rehabilitación para personas ingresadas con diagnóstico de ictus subagudo.
El proyecto se desarrolla en colaboración con el Hospital del Mar y el Hospital de la Esperanza de Barcelona mediante un ensayo clínico aleatorizado y, según la información facilitada para la ponencia, cuenta con financiación del Ministerio de Ciencia.
El interés de este planteamiento reside en estudiar conjuntamente dos elementos que pueden quedar fuera del foco de la rehabilitación convencional: el entorno y las oportunidades de participación.
La pregunta deja de ser únicamente qué ocurre durante una sesión de tratamiento y pasa a incorporar otra dimensión:
¿Qué puede suceder cuando el propio entorno hospitalario ofrece más oportunidades para participar en actividades significativas?
Es una cuestión especialmente relevante en personas que permanecen ingresadas durante periodos prolongados y cuya vida cotidiana queda temporalmente condicionada por la estructura hospitalaria.
¿Qué aporta la Terapia Ocupacional a este cambio de modelo?
La Terapia Ocupacional trabaja precisamente en la relación entre la persona, sus actividades y el entorno.
Desde esta perspectiva, modificar un espacio hospitalario no significa únicamente hacerlo más agradable. Significa preguntarse si ese espacio facilita o dificulta que la persona pueda actuar, elegir, relacionarse y participar.
El profesional de Terapia Ocupacional puede contribuir a identificar barreras, adaptar actividades, valorar las capacidades y necesidades individuales y diseñar oportunidades de participación que tengan sentido para la persona.
Este enfoque conecta con uno de los principios de la rehabilitación del ictus: establecer objetivos funcionales relacionados con las necesidades reales de la persona y favorecer su participación activa en el proceso.
También plantea una cuestión de fondo: la autonomía no depende exclusivamente de lo que una persona puede hacer, sino también de las oportunidades que encuentra para hacerlo.
Del hospital como lugar de tratamiento al hospital como espacio de participación
La propuesta de RehArt introduce una reflexión que va más allá de una determinada técnica terapéutica.
Si una persona pasa buena parte del día en un hospital, el entorno forma parte inevitablemente de su experiencia de recuperación. Por tanto, diseñar espacios que permitan participar, elegir y relacionarse puede convertirse en una cuestión relevante para la rehabilitación.
Esto no significa sustituir las intervenciones terapéuticas convencionales por actividades de ocio o música. El planteamiento es complementario: integrar nuevas oportunidades de participación dentro de un programa rehabilitador estructurado y evaluar científicamente sus efectos.
La diferencia es importante.
La actividad recreativa deja de entenderse exclusivamente como algo que ocurre cuando termina la terapia y puede convertirse en un componente estudiado del entorno rehabilitador.
Una rehabilitación que también tenga en cuenta la vida de la persona
La recuperación después de un ictus no puede reducirse a una sucesión de ejercicios terapéuticos. La persona continúa teniendo intereses, preferencias, relaciones y actividades significativas incluso durante una hospitalización.
Incorporar estas dimensiones al entorno rehabilitador plantea una oportunidad para acercar la asistencia a la experiencia real de quien está recuperándose.
El Proyecto RehArt se sitúa en esa línea de investigación: estudiar si la incorporación de actividades recreativas y terapia musical asistida puede enriquecer el entorno hospitalario y complementar la rehabilitación estándar de personas con ictus subagudo.
La propuesta será presentada por Dña. Jennifer Grau Sánchez, terapeuta ocupacional y profesora titular de EUIT Centro Universitario, Universidad Autónoma de Barcelona, en el 3.º Congreso CITORI.
Su ponencia permitirá conocer una línea de investigación que conecta ictus, neurorehabilitación, Terapia Ocupacional, música, ocio, participación y diseño de entornos hospitalarios, y que plantea una pregunta de gran interés para el futuro de la rehabilitación: cómo construir espacios asistenciales que no solo traten la enfermedad, sino que también creen oportunidades para que las personas sigan participando en su propia vida.
Si quieres profundizar en esta perspectiva y conocer otras propuestas relacionadas con rehabilitación, Terapia Ocupacional e innovación asistencial, puedes consultar el programa científico del Congreso.
Para profesionales interesados en participar en esta edición, puede añadirse aquí la información sobre inscripción al 3.º Congreso CITORI.
Asimismo, si el objetivo es presentar investigación o experiencias profesionales, este último bloque puede enlazar al envío de comunicaciones científicas.